Anitnegra

1 12 2009

Voy a describirte el país en que nací, que a pesar de su nombre no es un país de gente negra, tampoco es un país de blancos rubios.

Su capital, Seriasoneub, aún atesora en sus calles prolijamente asfaltadas, las vías de las líneas de tranvías, que en su época de lento glamour, la surcaban majestuosamente, hoy reemplazadas por innumerables líneas de transporte colectivo de pasajeros. Los fundadores de la capital, Silosed Zaid Nauj y Azodnem Edordep, eligieron para tal fin unas tierras que estaban muy cerca del Río por el que llegaron, y ahí hicieron construir un fuerte, para poder resistir los ataques de las indiadas salvajes que habitaban las llanuras cercanas.

El fuerte, lentamente fue poblándose de inmigrantes, que llegaron corridos de sus países originarios, por innumerables guerras, seguidas de hambrunas. Aquí encontraron sosiego a las desventuras sufridas en sus países originarios. El fuerte paulatinamente fue extendiendo sus límites, hasta agrandarse en tal forma, que hoy es un país compuesto por casi una treintena de provincias, que en su diversidad de climas y paisajes y la riqueza de sus tierras, hacen que todas sus necesidades alimentarias estén totalmente cubiertas. Sus pujantes industrias y políticas económicas, hacen que la gran mayoría de sus habitantes, gocen de un nivel de vida, por encima de los países vecinos.

Por supuesto, en Anitnegra, no todo es perfecto. Te invito a conocerla, pero no te quedes a vivirla, ya somos demasiados los que vivimos en ella.

JorgeCa45

Devoto 10/11/09

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Reflexiones sobre el cuento de Franz Kafka, “Ante la Ley”

1 12 2009

La ley, representada siempre por una figura femenina con sus ojos vendados, una balanza en una de sus manos y una espada en la otra, nos asegura que sus dictámenes serán equilibrados y justos.

Kafka, en este cuento, crea una versión distinta a la tradicional. Mezcla un personaje bárbaro y antiguo, que es el guardián del salón donde se “guarda” la Ley, un hombre común, y a la Ley misma, representada por un gran salón, donde el hombre común desea entrar en varias oportunidades, impidiéndoselo el guardián a través de mentiras como que él es el último guardián, o que entre salón y salón hay otros guardianes que son aún más poderosos que él. Incluso este guardián lo hace sentar en un banquillo a esperar poder entrar a conocer la Ley. Pasan los años, el hombre envejece, entrega al guardián todos sus efectos personales, algunos muy valiosos, para sobornar al guardián, pero éste a pesar de aceptar el soborno no cambia de postura de dejar entrar al hombre; ya a punto de morir, el hombre se entera que esa era su puerta particular para entrar a la Ley.

Moraleja: A pesar de que la Ley está, siempre hay personas o personajes encargados de cuidar que nadie cambie o conozca cómo funciona, haciendo y aceptando todo lo contrario a lo que la Ley indica.

JorgeCa45

Devoto, 23/11/09





Reencuentro

1 12 2009

No hablo de encuentro sino de reencuentro total al 100%. Un reencuentro con la naturaleza, conmigo misma, pero sobre todo con el creador del universo. Ese arquitecto que construye con sus manos las maravillas del mundo que disfrutamos cada mañana y cada atardecer o cada anochecer. Ese padre celestial que nunca nos abandona ni siquiera un instante de Vida.

Ese que aún en este sitio donde me encuentro me llena de optimismo y de esperanza en cada amanecer. El que me hace soñar, reír, cantar y saber que estoy viva para disfrutar sus obras. El que me ha amado y acompañado ayer, hoy y siempre. Viva el rey de mi encuentro nuevamente o diría en este momento, de mi reencuentro en cada latido de mi ser hoy.

Irma Saldaña

 





El tren de la Vida

1 12 2009

Una estación común esperando sobre sus viejos rieles y ausentes que aparezca alguien que quisiera viajar al vaivén de su tren que vaya al Sur o hacia el Norte. O al cabo; no se puede decir con precisión hacia dónde ha de conducir a ese supuesto fantasma viajero que quisiera abandonarse o deleitarse con el ir y venir sobre sus rieles. Ya que también se preguntaría dicho viajero hacia dónde he de viajar esta vez con este pesado equipaje de mi vida. Si ahora estoy aquí y mañana no sabría decir adónde estaré. Ya que ahora late mi corazón. Respiro nuevamente y sonrío o lloro y el mañana es incierto y no sé a dónde estaré. Pues el ayer es como el humo que veo y huelo en el tren que viajo de mi vida ahora, y el mañana no existe para mí.

 

Irama Saldaña S





Compañera mía

1 12 2009

Son las 12:45

de este mediodía de octubre,

el sol enrojece, nuestras caritas.

Mezcla angelical

de ternura, pureza y alegría,

parece que fue ayer

en un mismo mediodía:

Pero al mirar mis manos,

más viejas y ya vacías…

El torrente de la vida

pasa apresurado dejando

tristezas y alegrías.

 

En mi mente son muchos

los recuerdos que juegan

por ser primeros, y otros

¿pujan por desalojarlos?

Son dos los que llegan y

“perduran”

 

La primera vez que tu mano

tocó la mía, y tu mirada

se clavó en mi ser

tus manos manchadas de chocolate

del alfajor que guardabas en tu mochila,

tus ojitos castaños buscando los míos,

y no tuve respuesta a esa mirada

tu risa nerviosa cuando tomé tu mano

llena de chocolate,

sé que algo buscabas

no sé qué buscabas

a mi actitud inocente de querer

limpiar tu mano, no tuve respuestas

 

Mi mano en tu mano

tu mirada en la mía: no tuve respuestas

a tus manos en las mías

 

Hoy mis manos más viejas y vacías

y el corazón tan lleno de alegrías

encontré respuestas a esa mirada

(perdida)

 

Gracias por haber compartido

tristezas y alegrías

Gracias, gracias: compañera mía

 

 

Dany de la Cruz

 

 





Incomprensible

1 12 2009

Holy, ¿Qué tal? En primer lugar quiero expresar que la mano que escribe estas líneas pertenece a Sabrina. Sabrina hoy por hoy se encuentra privada de su libertad debido al pecado de robar.

Quisiera contarles un fugaz encuentro con un hombre que ni recuerdo su aspecto ni nombre, pero sé que fue muy amable conmigo, hasta incluso en pocos minutos de conocernos ya habíamos hecho planes y él me agradaba mucho. De una conversación a otra, él preguntó qué tenía en mi bolso, sorprendida contesté lo que me pareció de más valor y fue un libro, pero él no se quedó conforme, preguntó el nombre de ese libro, y mi respuesta fue, El Alquimista. Él sonrió con encanto y sorpresa porque agregó que, para él, no había sido una coincidencia, porque ese libro él ya lo había leído dieciséis veces, así que, me saludó con la mayor alegría y luego se despidió diciendo: “Amiga, sigue tu camino”. Qué Dios te bendiga, querido desconocido.

La Prit

San Cristóbal





Las ciudades y el nombre

1 12 2009

Nací y me crié en ciudad “Esperanza”, de la cual salí cuando me casé y por motivos laborales me tuve que mudar.

Recuerdo que era una ciudad que nunca terminaba de descubrir, fábricas, sus callejones. La parte del ferrocarril donde detrás salía un camino que con mis amigos recorríamos hasta llegar a un cañaveral que, atravesándolo, había una pequeña laguna donde intentábamos pescar. Teníamos entre diez y trece años y para nosotros era una aventura que nos tomaba todo el día. En la ciudad había un pequeño centro con dos o tres cines, una calle peatonal, bares, confiterías e innumerables negocios. Creo que hasta que yo recuerde, nunca terminé de conocerla por completo, ¡la ciudad tenía magia! Todos los días había una noticia nueva o descubría algo distinto. Y así fui creciendo en Esperanza, la ciudad con magia.

Hoy día, muchos años pasaron, y hace poco, por una circunstancia que no viene al caso, me tocó atravesar la ciudad, y me quedé con un poco de tristeza y melancolía, ya no era una ciudad. Tan sólo me encontré con un pueblo, las fábricas con sus vidrios rotos, lo que yo llamaba una laguna no era más que un desagüe; seguí mirando para tratar de encontrar a alguno de mis amigos de la infancia, y lo único que vi fue que el cine colonial era un templo evangelista, y el otro cine, un bingo. Continué mi camino pues todavía me faltaban unos cuántos kilómetros para llegar a mi destino. Recuerdo que a la salida de la ciudad había una hilera de árboles en los cuáles en mi niñez, junto con mis amigos, decíamos que dormía un gigante, porque el follaje de los mismos era muy tupido y unido, casi tan parejo que formaba un inmenso colchón. En el asiento trasero del auto viajaba mi hija, que había insistido en acompañarme y me preguntó algo que me dejó perplejo, con sus seis años me preguntó:

-Papá, ¿quién duerme arriba?

Fue en ese momento en que me di cuenta que la magia existe, la magia en nuestra imaginación. Somos nosotros que al crecer dejamos de creer.

Esperanza existe, y tiene magia.

 

 

Dos notas:

  1. ¡Hasta llegué a recordar que los vidrios de las fábricas, desde las vías, los rompíamos nosotros con nuestras gomeras!…
  2. Según mi padre, él siempre me decía que arriba de los árboles dormía Tarzán.

 

 

Antonio