Confusión

25 09 2009

Iba de prisa en ese pasaje. Era invierno cuando me tropecé con él. Un hombre enigmático; yo decía con una personalidad indefinida de dudosa procedencia, crucé unas palabras al principio que después se volvieron todo un tema relativo hacia la vida. Caía en una gran confusión con todo lo que hablaba ese caballero. Que me inquietó desde ese día y hasta hoy después del desenlace que tuve a causa de confundirme entre una linda amistad que surgía según un entendimiento y entre otra supuesta realidad que me esperaba por creer en él, en su motivación y en su amistad por la cual estoy aquí… y que en lo sucesivo tendría que tener más abierta la mente, ser más persuasiva y no pensar sólo con el corazón sino también con la mente. Ah! que gran confusión.

Irma Saldaña S.

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Un amor eterno

25 09 2009

Pasaron los años y nuestro amor fue convirtiéndose en algo complicado.

Cuando nos conocimos en ese boliche eras un joven agradable y simpático, me conquistaste muy galantemente, te di mi teléfono y así empezó todo; me invitaste al cine y yo luego bebí de más porque estaba muy nerviosa, poco a poco nos fuimos enamorando, tu inteligencia me asombraba.

Yo al principio consumía muy poca cocaína, pero al pasar los años era habitual hacer el amor y consumir cada vez más, hasta que terminé consumiendo más yo que vos.

Y así empezaban las peleas y luego las reconciliaciones, hasta que después de doce años todo se pudrió, y hoy nuestros padres nos tienen separados.

A pesar de tantos años juntos no sé si fue verdadero amor. Igual te extraño, y quiero volver a estar acostada en tu cama y rascarte la espalda.





25 09 2009

11-1-09

Soy “S” estoy muy contenta porque he recuperado mi libertad y le he prometido a mi hermano amado “A” que me reuniría con el en “T” el 14 del 02.

 

20-1-9

Estoy triste, se debe a que he emprendido un camino oscuro con “P.B”. Ella me domina, y yo a pesar de estar desconforme la busco, la persigo, y temo no cumplir con “A”.

 

30-1-9

Mi tristeza aumenta “P.B” gasta todo mi tiempo, todo mi dinero, he adelgazado diez quilos y todavía faltan 1.500km para llegar a “T”.

 

13-2-9

Estoy destrozada, “A” ha fallecido y mañana no estará esperando. Quiero volver el tiempo atrás.

 

14-2-9

Soy “S” y “P.B” igual me domina. Pero no la culpo, la única culpable soy yo por no haber sacado un pasaje de autobus. Mi tristeza ya no sólo es tristeza, es una enorme fatalidad.

 

15-2-9

A pesar de no alejarme de “P.B” soy “S” y estoy segura que “A” me espera algún 14-2 en el cielo donde mi querido hermano se encuentra ya.

 

 

Priti

San Cristóbal





Desafío para un psicoanalista – de Clarice Lispector

24 09 2009

Soñé que un pez se quitaba la ropa y quedaba desnudo.





Sueño

24 09 2009

Soñé que estaba en el vacío, no había nada a mi alrededor sólo doce hombres con caretas puestas, yo les grité sáquense la fachada y así se sacaron sus máscaras y se convirtieron en polvo. Yo aspiré de ese polvo y me adormeció durante siete días, cuando desperté había una luz brillante que me decía “ ya está todo hecho, ahora levántate y disfruta de la vida”.

Cecilia -21/09/09

 





Can Cervero (o, fantasías de un delincuente)

23 09 2009

A.: Miguel… Miguel!

M.: ¿Qué, Andrés?

A.: Estamos viajando, ¿hacia dónde?

 M.: No lo sé. A.: Parece un camino sinuoso y lleno de baches, estoy incómodo, ¿y vos?

 M.: No tengo ganas de hablar, estoy pensando, y además tengo frío, no veo nada, ¿y vos?

A.: Tampoco, y hace tanto frío. ¡Qué silencio! Miguel, nos detenemos, ¿y ahora?

M.: No sé, no oigo nada.

A.: Percibo silencio, soledad, angustia, temor, y vos Miguel, ¿qué sentís?

 M.: Aún no lo puedo definir, imagino que debo estar algo bloqueado. Pero sí, veo la oscuridad total, y en derredor mío puedo palpar a tientas las paredes frías y húmedas, y esto me produce aún más frío

A.: ¿Tenés miedo?

M.: ¿Miedo? No sé, no, miedo a la soledad, a la oscuridad, al dolor, o a la tortura, sí, quizá miedo a que me traicionen mis pensamientos, miedo a flaquear…

A.: Los hombros no los siento Miguel, el dolor es tan intenso que no podría describirlo, las manos las tengo dormidas, y el hedor maloliente que surge de este lugar es irrespirable, llevamos horas en esta posición, no sé cómo ponerme, parece que se van a desprender los hombros. Hace tiempo que no escucho ruidos, hay un silencio total, sólo roto por el drip-drop de alguna gotera.

 M.: Por favor, tranquilizate Andrés, no te desesperes y respira hondo, aún la cosa no ha empezado.

 

 

– ¡Hola, Carlos!, –Hola, Miguel, ¿cómo estás?, –Bien, Gracias. Siento venir a molestarte después de tanto tiempo y a estas horas, ¡ah!, perdón, Carlos, te presento a mi novia, Altar. –Un gusto conocerte, Altar. ¿Cómo están tus cosas, Miguel, tu mamá y tus hermanas?, –Están bien, gracias, pero lo que en realidad me trae hoy hasta tu casa, no es precisamente saber el estado de salud de tu familia, que por supuesto espero que estén bien, tanto tu esposa Blanca, como tus hijos. Mirá, Carlos, he tenido algún problema, que después, más tarde, o mañana, te voy a contar, pero, lo cierto es que no puedo quedarme en casa, y quiero pedirte si puedo quedarme unos días aquí, en la tuya, hasta ver qué decisión tomo. –Por supuesto!, hablo con Blanca. Tranquilo Miguel que no va a haber problemas, podés quedarte en casa, vos y Altar, todo el tiempo que deseen. –Gracias, Carlos!, –¡Miguel!, –Sí, Andrés. –¿Cómo estás?, yo no sé cómo estoy, y si estoy, los pies no los siento, el cuerpo no me pertenece, no soy tan fuerte como vos. ¿Qué pensás Miguel? –Estoy pensando en Altar, no sé qué fue de ella, estaba viajando en otro auto. Me lastima, me duele el alma y me llena de impotencia imaginar que puede ser dañada de cualquier manera, aún recuerdo sus palabras: “Miguel, no me abandones, que yo nunca voy a dejarte!”. Y hoy, ahora, me siento mal por no poder cuidarla, por no poder cumplir con la promesa de protegerla con la vida si fuera preciso. Altar: perdón, haz lo que tengas que hacer. No puedo conciliar el sueño, ¿y vos Altar? –Tampoco, aún estoy asustada, ¿qué vamos a hacer? –Todavía no lo sé, necesito despejar las ideas y que nos tranquilicemos, por favor Altar, preciso de tu apoyo y de tu confianza, no flaquees que esto va a pasar, sólo estaremos aquí unos días, luego volveremos a casa. –¿Vos creés que podremos volver? –Tratá de dormir. –Sí, Miguel, vos también. No tengo idea de la hora que es. Es raro que todavía no haya venido nadie a vernos para ‘charlar’, ¿qué opinás, Miguel? –Supongo que estarán reuniendo elementos para tener un buen ‘diálogo’ con nosotros Andrés. No entra un rayo de luz, hemos perdido la noción del tiempo. Si es la realidad, siento que el mundo se derrumba y un abismo insondable se abre a mis pies, atrapándome con sus oscuras fauces y llevándome a innombrables lugares conocidos, y más por conocer. Si es un sueño, y ojalá que le fuera, por favor que alguien me despierte!, porque siento que me ahogo con las lágrimas que derrama Altar, que la cabeza me estalla en miles de fragmentos, llevando cada uno de ellos impreso sus súplicas y ruegos. ¡Andrés!, ¡qué esto sea un sueño! El día se ha ido rápido, entre cafés y charlas con Carlos y su esposa Blanca, he hablado por teléfono con alguien y supongo que estaremos aquí esta noche y mañana nos iremos, ¿estás más tranquila, Altar? –Un poco–.

20:45. Un programa de televisión cualquiera, algunos mates, y una charla evocando otros momentos, pero a pesar de estar en un lugar tranquilo, estoy inquieto, algo me molesta, Altar también está algo tensa. 21:30 -Carlos, nos vamos a dormir, mañana tenemos que levantarnos temprano, ¡Buenas noches, Blanca! –Hasta mañana Miguel, qué descanses.- No puedo recordar qué mes del año es (aunque quizá sí lo recuerde y prefiera olvidarlo), pero sé que hace mucho frío, afuera está nublado y ventoso y cae una llovizna tenue pero gélida, lo sé porque antes de acostarnos (Altar y yo) levanto la persiana de la única ventana que hay en la habitación (bastante austera por cierto), abro las ventanas y miro por un minuto el cielo encapotado sin estrellas. –¿Tenés frío, Altar? –Sí Miguel, estoy aterida, cerrá las ventanas por favor y acostate, ¿vos no tenés frío?—. Estoy un tiempo pegado a la ventana sumido en vaya a saber qué pensamientos, o recuerdos, hasta que decido acostarme. Altar se había quedado dormida, producto quizás de las tensiones vividas días atrás. Contemplo por unos minutos su rostro casi cubierto por las sábanas y pienso: ¡qué hermosa es! Su respiración era suave, acompasada y rítmica, dándome la sensación de un sueño apacible y tranquilo. Mientras la miraba recordé cuando la conocí, cuando la iba a esperar al salir de su trabajo, en las calles San Juan y Boedo (ella trabajaba en ‘Etam’). No quiero ahondar en detalles, porque fue algo muy especial en cierta etapa de mi vida, y creo que merece ser contado en otro momento y no con este episodio donde se entremezclan los sentimientos, con el dolor, la angustia, la desesperación y el abandono. De pronto abre los ojos, los cabellos lacios y rubios desmadejan sobre su rostro adormilado y me pregunta –¿Qué mirás? –A vos—. Me devuelve la respuesta con una cálida y cándida sonrisa que aún hoy, años después la sigo viendo en las imágenes que a menudo acuden a mí, en no pocas noches de insomnio. Luego de acostarme, permanezco durante un tiempo no determinado con los ojos cerrados, hasta que la oscuridad del sueño cubre con su manto mi cuerpo, mi mente y mi espíritu. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que me quedé dormido, supongo que no mucho, pero algo me ha despertado no sé qué es, el cerebro que ha permanecido en estado de viglia ha captado algo. Me levanto en silencio tratando de no hacer ruido para no despertar a Altar que duerme profundamente. Salgo al comedor sin encender la luz, en la casa todos duermen (eso creo). Vuelvo al cuarto, miro por la ventana a través de los intersticios de la persiana. ¡Nada! Silencio total, como si el mundo se hubiera detenido, hasta el viento y la llovizna habían cesado, como huyéndole a una fuerza desconocida y descomunal. Me acuesto otra vez, pero ahora sin cubrirme con las sábanas y frazadas. Hay algo que no entiendo, no sé qué es. Estoy cavilando en esa inquietud, cuando de pronto un estruendo ensordecedor cubre toda la casa. Altar se incorpora sobre un brazo interrogándome con sus ojos que denotan pánico y asombro. Yo no puedo hacer lo mismo (incorporarme), pues, el frío cañón de una pistola apoyada en ña cabeza me lo impide, oigo unas palabras que me dicen. –Te movés, respirás o pestañás, te morís!!— Oigo gritos en el comedor, han encendido las luces. Pasos y corridas que van y vienen, escucho ruidos en el techo y en el patio. Gritos, disparos, amenazas. Altar está aterrada, siento su cuerpo templar junto al mío, no la veo, no puedo girar la cabeza, las manos que me aferran no me lo permiten. Pero aún así imagino su cara ‘angelical’ cubierta por las lágrimas. Escucho más pasos que se acercan al cuarto, no puedo ver cuántas personas son, tengo los ojos cerrados, pero puedo percibir la presencia de más de dos, ya que uno estuvo desde el principio conmigo. Gritos y voces desde el comedor, las reconozco, son Carlos, Blanca y sus hijos, que hacen preguntas pero que nadie contesta. Una voz suave y fría pero atemorizante dice –¡Levantate y vestite puta!—le habla a Altar que aún permanece a mi lado temblando de frío y miedo. Intento incorporarme, pero recibo un golpe con el cañón de la pistola y alguien me clava una rodilla en el pecho. Abro los ojos y veo que, una persona de alrededor de unos treinta años, delgado, de estatura mediana y tez morena, que vestía campera de cuero color marrón, pantalón gris y zapatos color marrones, que era el que al parecer daba las órdenes, toma a Altar por los cabellos y la arrastra hasta arrojarla de la cama golpeándola en la cara y en el estómago con el puño cerrado. –¡Dejala!, ¡No la toques!—le grito indignado –es a mí y no a ella a quien tenés que pegarle, ¡maricón! –Vos andá pensando lo que vas a decir, hijo de puta!—me contesta. Me ponen de pie de los pelos, mientras el otro me golpea con la culata de la ‘Itaca’ en la cabeza y en la espalda, gritándome que me van a romper los pulmones.

 

 





Planes

23 09 2009

 

José había comenzado el año con pocas expectativas, respecto a cómo se desarrollaría el mismo, durante los últimos años vividos muy poco influyeron en algún sentido en su vida. Pero éste, luego de un comienzo anodino, algunos acontecimiento lo fueron marcando para que comenzara a desarrollar ideas para planificar el año de otra manera. En su trabajo, gracias a los esfuerzos que realizó en el año anterior, además del cobro de haberes y aguinaldo, lo bonificaron e incentivaron monetariamente para alentarlo a seguir esforzándose. Comenzó haciendo cálculos sobre el dinero que cobraría y podría juntar hasta promediar el año, planeó sus vacaciones con su esposa, sin grandes sofisticaciones pero muy placenteras para disfrutarlas plenamente. Día a día concurría a su trabajo poniendo más entusiasmo para cumplir a pleno con el mismo, y así fueron transcurriendo los meses siguientes. Todo parecía encarrilado hacia un final feliz, pero un acontecimiento inesperado, (trastocó todo lo planeado y puso fin a sus sueños, a los cuales había apostado). Y sin saberlo, por el camino que estaba transitando, también se cruzaba el de otra persona. El destino, la casualidad o vaya a saber qué, esta concurrencia al punto del cruce en el mismo momento, trastocó todo lo planeado y puso fin a sus sueños, a los cuales había apostado.

 JorgeCa-45