Desde la oscuridad

1 07 2009

goya_sueño

Por Marcelo Curry

Conviviendo en un mundo donde se entremezclan esperanzas, angustias, tristezas y, tal vez, alguna alegría, muchos seres comparten el día a día del averno carcelario. Y qué difícil se hace adaptar el acostumbramiento de la vida en la calle al que les propone un sistema en el que no se es más que un número.

Cuánto sufrimiento escondido hay dentro de cada preso. Cuánto código inhumano invade las conductas de quienes habitan las cárceles. Que el infierno existe es verdad, y que está en la Tierra, disfrazado con barrotes y cemento, también lo es.

Quizá por eso es muy importante recuperar la memoria y entender como seres humanos que quienes padecen y sufren el calvario del encierro tengan ante los ojos de la sociedad la oportunidad de la reivindicación. Porque Dios, seguramente, ya los perdonó.

Será Justicia.

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Reivindicación de derechos

1 07 2009

A partir de un fallo plenario de la Cámara de Casación, con fecha de noviembre de 2008, la comunidad carcelaria vio renovada la posibilidad de recuperar su libertad y esperar el juicio en la calle. Tal alboroto causó este dictamen que, rápidamente, los medios de comunicación lo difundieron. Pero el único aspecto novedoso del pronunciamiento judicial, dentro de lo que establece la ley 24050 en su artículo 10°, sería la puesta en práctica de la legislación, que ya existía pero no se utilizaba. Y si se considera que ese fallo no alcanza a quienes permanezcan detenidos por delitos con penas mayores a los 8 años o puedan profugarse, se concluye que el número de casos con esas posibilidades se reduce de forma considerable. Por eso, la pregunta que flota es hasta qué punto se trata de un beneficio, cuando la Justicia va a dar lugar al principio de que el ciudadano es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Así, se puede pensar a la cárcel como un gran negocio, y mientras de ese modo se entienda y se aplique los derechos de los detenidos difícilmente sean respetados. En definitiva, urge la reestructuración del sistema, para otorgarle al preso las garantías constitucionales que les corresponden.





Las mujeres de la cola

1 07 2009

carcel

Por Juan José Batracius

Aparecen como por arte de magia, tempranito en la mañana, bordeando los murallones al pie del gran portón de hierro que separa la realidad cotidiana de la realidad de los de puertas adentro.

La poca gente que pasa las mira extrañada, a hurtadillas, como no queriendo ver de qué se trata la imagen que tienen frente a sus ojos. Miran hacia el piso, evitan preguntarse qué estarán haciendo, y como los tres monos sabios, siguen de largo hacia delante y ensayando unas imposibles e invisibles anteojeras que les impiden ver el entorno del bosque. Ver, oír, callar ha sido siempre un buen ejemplo para seguir rumbo a sus complicadas diarias ocupaciones. Bastantes problemas ya tienen con los propios, para imaginarse los de los demás.

Pero ellas siguen allí, sin importarles el qué dirán o el qué estarán pensando quienes pasan y miran, quienes pasan y juzgan, quienes pasan y se compadecen. Las lleva adelante una irreductible decisión y dignidad de la que hacen bandera, escudo y resignación.

Poco les importa si la causa es justa o injusta, si los destinatarios de sus desvelos son culpables o inocentes, si son detenidos, procesados y penados. Ellas siguen firmes en su lugar, esperando que los grandes portones se abran y la requisa diga qué sí y qué no, quién sí y quién no. No les importa la lluvia o el granizo, no les importa el frío polar ni el calor abrasador. La fila estará firme junto al paredón cada madrugada, para dejar su paquete de vida y esperanza antes de ir a su trabajo o a la escuela para llevar a sus hijos. O, simplemente, a esperar el horario de visita para compartir un par de horas de vida con quienes sólo aguardan un sol entre tantas nubes.

Ellas son tercas y fieles. Tercas para resistir lo que a muchos les parece irresistible. Fieles al amor, al afecto y al cariño más profundo que sienten por sus hijos, sus maridos, sus amigos, sus novios y todos aquellos que, privados de su libertad, ven que cada martes y jueves se renueva una sonrisa silenciosa que les hace sentir que vale la pena seguir adelante. Son las mujeres de la cola. Cuando las vea, no agache la cabeza. Sonríales y deséeles buenos días y buena suerte. Cuando reclamen un trato más digno, solidarícese con ellas. Ellas sabrán comprenderlo y se lo agradecerán. Y por favor, recuerde siempre que mañana… mañana nunca se sabe.





Los jóvenes y el estudio

1 07 2009

goya_de_que_morira

Por Carlos Palumbo

Los jóvenes advierten que se concibe la escuela como un sitio para depositarlos y del que se espera que les den de comer. O que se les brinde un ambiente amable y protector para que puedan transcurrir en forma amable una importante cantidad de horas por día (según niveles sociales). Estos hijos parecen ser hijos de la tecnología de la información, es decir, más que sus padres los que forman sus cabezas son los estímulos del mundo moderno. Por otro lado, la escuela puede y debe ejercer una función de liderazgo pero está condenada a perder frente a una sociedad que a cada instante la desautoriza.

En cuanto a los valores sociales, entre estudiantes secundarios la mayoría considera que tener éxito en la vida es hacer lo que les gusta. Otros lo relacionan con ganar dinero y lograr una estabilidad económica, ser un profesional reconocido, ser famoso y ganar dinero sin trabajar.

Parece que los factores que permiten un mejor nivel económico en Argentina son la viveza o la habilidad para los negocios y los acomodos. Y no el esfuerzo, como el estudio o la dedicación al trabajo. Los grupos más favorecidos transmiten a sus hijos con el poderoso ejemplo de sus vidas que el estudio, el esfuerzo y el trabajo importan poco para triunfar, triunfo que es interpretado como sinónimo de éxito económico. Los niños de 5 y 6 años ya han sido arrastrados por el mercado y continúan desarrollándose no como ciudadanos sino como consumidores. Al vivir en el mercado de la cultura televisiva, que enseña que todo es descartable, que sólo sirve para el momento, los chicos asimilan esa forma de fugacidad y devaluación, una sensación de que nada importa. Entonces, uno de los objetivos de la cultura contemporánea es eliminar las dificultades y simplificar todo. Esto revela el desprecio por la inteligencia y la capacidad de realizar el esfuerzo necesario para comprender la complejidad del mundo.

La educación parece orientarse hacia la confianza en la tecnología para resolver los problemas de la educación, busca formas divertidas para educar, incorporando la enseñanza al mundo del espectáculo, y se intenta aplicar la lógica democrática a la relación docente – alumno. Pero es necesario regresar a la idea de que, mediante la educación, la sociedad pretende sobre todo formar personas lo más completas posibles. El problema no es enseñar los aspectos instrumentales de una tecnología que progresa, sino enseñar a los jóvenes a pensar.

La escuela puede desarrollar una actitud importante, que es aprender. En consecuencia, el verdadero saber no está en internet sino en el cerebro. Enseñar a los jóvenes el modo de la realidad a la que exponen todas las horas no es el único posible. Si bien la tecnología contribuye con herramientas interesantes, para el aprendizaje el motor central del aula es un buen maestro, encargado de dar el valor humano del conocer. Así, la escuela debería ocuparse de la comprensión, la crítica y la sabiduría, desarrollando los valores e intelecto de los jóvenes.

Lo que quieren los chicos es competencia y práctica en los elementos básicos de educación. La esencia de la enseñanza es la presencia de un adulto con conocimiento y comprometido a explicar lo que el maestro, la comunidad y los padres consideren que es importante.





Convocatoria al Ciclo de Encuentros con el Cine

1 07 2009




Nueva convocatoria al Taller de Periodismo

1 07 2009