La ley, representada siempre por una figura femenina con sus ojos vendados, una balanza en una de sus manos y una espada en la otra, nos asegura que sus dictámenes serán equilibrados y justos.
Kafka, en este cuento, crea una versión distinta a la tradicional. Mezcla un personaje bárbaro y antiguo, que es el guardián del salón donde se “guarda” la Ley, un hombre común, y a la Ley misma, representada por un gran salón, donde el hombre común desea entrar en varias oportunidades, impidiéndoselo el guardián a través de mentiras como que él es el último guardián, o que entre salón y salón hay otros guardianes que son aún más poderosos que él. Incluso este guardián lo hace sentar en un banquillo a esperar poder entrar a conocer la Ley. Pasan los años, el hombre envejece, entrega al guardián todos sus efectos personales, algunos muy valiosos, para sobornar al guardián, pero éste a pesar de aceptar el soborno no cambia de postura de dejar entrar al hombre; ya a punto de morir, el hombre se entera que esa era su puerta particular para entrar a la Ley.
Moraleja: A pesar de que la Ley está, siempre hay personas o personajes encargados de cuidar que nadie cambie o conozca cómo funciona, haciendo y aceptando todo lo contrario a lo que la Ley indica.
JorgeCa45
Devoto, 23/11/09
Hacia mucho que no ingresaba al sitio y veo como avanzaste en este camino de la Literatura! Felicitaciones y avanti que siempre hay voces ocultas y tímidas atras de esos ojos que te leen. Un abrazo gigante e intenso.. de esos.. que hace mucho que no siento.. !
Lo más absurdo para quien en el moemnto mismo de la tragedia, se encuentre ante su misma humanidad. Kafka es el hombre de la tragedia, nos ha mostrado el rostro de la humanidad…